PRIMEROS CAPÍTULOS SNOW WHITE, PRINCESAS SIN TANTO CUENTO 1 JESS DHARMA

Lo prometido es deuda, hoy os traigo los primeros capítulos para abrir boca. Mi nueva novela Snow White de la saga Princesas sin tanto cuento 1. Son libros autoconclusivos así que los podéis leer independientes.

Espero que os guste y me dejéis vuestros comentarios.

Prólogo

Érase una vez un rey que tenía una hija muy bella. Como tenía la piel tan blanca como la nieve, los labios tan rojos como la sangre y los cabellos tan negros como el ébano, la llamaron Blancanieves…
¡No! Para nada. Eso es solo un cuento, la realidad es la siguiente:
Mi padre no es un rey, al menos no uno al uso. Él es jefe de la banda de moteros The King´s y se llama Robert, pero le llaman El Rey. Para el club soy, de alguna manera, su princesa, y eso pone en mi moto y en mi tatuaje: Princess.
Respecto a mi nombre, sí, me llamo Blancanieves, aunque prefiero White. Escogieron ese en concreto más por los trabajos de narcotráfico que lleva la banda que por la nieve blanca invernal, ya me entendéis. Algo que les pareció gracioso a mis padres mientras me gestaban. Aunque no se equivocaron, viendo mi físico me viene al pelo.
The King´s controla todo el negocio de drogas y tráfico de armas de Apple City, nuestra ciudad. El resto de bandas de moteros lo saben y no meten sus narices en nuestros asuntos, por su bien. La asociación está compuesta por hombres; siempre ha sido así, es un tema de tradición, sin embargo, conmigo han hecho una excepción. Primero, porque, aunque no a todos les gusta la idea, mi padre quiere que ocupe su puesto de presidencia algún día; segundo, porque tengo más pelotas que la mayoría de los hombres que conocen.
Algo por lo que siempre tendré que estar agradecida a mi padre; desde que tuve uso de razón me adiestró para que fuera letal.
Aunque en la banda somos una familia y sabía que siempre me defenderían, mi progenitor se negaba a que su princesa fuera una damisela en apuros. Sobre todo, cuando murió mi madre a causa de una enfermedad que nos la arrebató cuando yo solo tenía cinco años. Desde ese momento él se volcó totalmente en mí, nunca rehízo su vida. Alguna vez está con alguna de las chicas de compañía que frecuentan el club, pero nada más, solo es algo carnal. Su corazón siempre pertenecerá a mi madre.
Por todo esto soy un activo muy valioso dentro de la familia, como yo llamo a los integrantes de la banda. Soy capaz de cualquier cosa por mantener a salvo a la gente que quiero, y cuando digo cualquier cosa, me refiero a mancharme las manos de sangre si es necesario.
Todo va bien, puedo decir que soy feliz. Tengo veintiocho años, una familia que me quiere, un trabajo que me encanta, ¿qué más se puede pedir?
Seguro que las malas lenguas dirían: siendo una princesa te falta una corona y un príncipe.
Os diré algo, ¿quién necesita una corona teniendo una Harley Davidson Street Bob Rocker? Y un príncipe… ¿en serio? Estoy con quien quiero, cuando quiero, sin ataduras ni florituras. No necesito un hombre que me defienda, que me abrace para dormir, o que me traiga flores después de echar un polvo. ¡Por favor! ¡Todas podemos ser princesas, pero sin tanto cuento!
No necesitamos un hombre para comer perdices.
Ahora os dejo que me tengo que ir a una reunión con los chicos.
Recordad: ¡sed malas, muy malas!

Capítulo 1

White

Mientras voy montada en mi moto, sintiendo su rugir entre mis piernas, no puedo evitar pensar en lo afortunada que soy. El viento golpea mi cara, revolviendo mi pelo, y trae un aroma a mar que me recuerda a cuando de pequeña jugaba con mis padres en la arena de la playa. Casi puedo sentir las olas mojando mis pequeños y regordetes pies.
Los domingos es nuestro día de descanso, cuando vamos con la banda a la playa. Los hombres traen a sus mujeres e hijos, quien los tiene, hacemos barbacoas y pasamos el día entre juegos, risas y cervezas. Hoy en día seguimos la tradición, pero para mí nunca será lo mismo, no sin mi madre.
Cojo la 88, la carretera que me llevará directa a la asociación donde tenemos un taller de motos. Es la tapadera perfecta ya que nos encantan casi tanto como ensuciarnos las manos. Tenemos a la policía comprada; todo el mundo tiene un precio si tienes el dinero suficiente para pagarlo, y nosotros lo tenemos. Sin embargo, no nos gusta llamar la atención, aunque lo nuestro es un secreto a gritos. Todo el mundo en Apple City sabe a qué nos dedicamos. Pero nunca se sabe y, por si las moscas, es mejor tener un negocio legal; uno no sabe cuándo se pueden complicar las cosas y pueden venir los federales. Los mismos que en el momento en el que vienen, cogen tu vida perfecta, hacen una pelotita con ella y te la meten por el culo. No, mejor no correr ese riesgo.
Me encanta el clima de esta ciudad, siempre hace buen tiempo. Incluso cuando vienen las lluvias que conlleva el invierno puedes ir en manga corta; la temperatura no varía mucho de una estación a otra. Eso me permite ir en mi moto solo con mi chaleco sin tener nunca frío, es un lujo. Es de cuero y, aparte del nombre de la banda, lleva escrito «Princess». Intento no separarme nunca de él, además de que me encanta, me sirve para ocultar mis armas. Si me preguntaran algún sitio de todo Pircasen para vivir, sin duda sería Apple City.
Ya me acerco a mi segundo hogar, donde paso más tiempo que en mi verdadera casa. Tengo hasta una habitación allí, muchas veces me quedo trabajando hasta tarde, o simplemente me pillo tal cogorza que soy incapaz de montar en mi moto. Cuando The King´s se estableció allí pensó en todo. Lo primero fue vallar todo el terreno, la seguridad es muy importante para nosotros. Luego crearon dos espacios totalmente diferenciados; por un lado, el taller de motos, bastante grande para que puedan trabajar todos los miembros, o al menos la mayoría, y por otro una casa de dos plantas.
La casa también la equiparon para poder atender a todas las necesidades que pudiera tener un integrante del club. Muchas habitaciones, de las que la mayoría tienen cuarto de baño, algún aseo aparte, cocina, una sala de reuniones y un salón preparado para montar juerguecitas: mesa de billar, dardos, barra, música, una mesa de póker donde desplumo a los chicos… Vamos, el paraíso.
La verja metálica está abierta, por el día la tenemos de esta forma para entrar y salir sin problema. Además, de cara a los clientes del taller es mejor que encuentren el lugar totalmente abierto, no vayan a pensar que está cerrado y se marchen. En cambio, por la noche nos gusta estar protegidos. Digamos que nuestro negocio, el no legal, nos hace tener algunos enemigos. Somos un poco maniáticos con la seguridad, pero según mi opinión eso es lo que nos mantiene vivos.
Llevo mi moto junto a las de los chicos y la aparco. Están casi todas, algún rezagado llegará tarde, vamos, lo normal. Quitó la llave, dejo el casco sobre el manillar y una vez que desmonto me estiro. No he dormido mucho, he pasado la noche en compañía, en muy buena para ser exactos, y tengo agujetas en sitios donde el gimnasio no sería capaz de causármelas. Debería estar cansada, pero no hay nada como un buen maratón de sexo para estar a tope.
—White, veo que el yogurín de anoche te ha puesto las pilas, menuda cara de felicidad traes.
Me giro y sonrío a Dustin, el mejor amigo de mi padre, que es como un tío para mí. Es un tipo duro que engaña con su porte entrañable; con esa barba blanca y ese cuerpo regordete al que dan ganas de abrazar. Es algo bueno, ya que nadie lo ve venir cuando el tío Dustin le pega un tiro en la sien.
—No lo sabes tú bien —contesto mientras le guiño un ojo y le doy un abrazo.
—Cada día estás más buena, Princess. ¿Cuándo vas a dejar a esa panda de niñatos y te vas a venir conmigo para que te enseñe lo que es un hombre de verdad? —Nos interrumpe una voz que me es familiar.
Miro por encima del hombro de Dustin y veo a Brandon, tan socarrón como siempre. Está muy bueno, es algo que tengo que reconocer, aunque me joda, pero no me lo tiraría ni aunque fuera el último hombre en Pircasen. Él lo sabe, pero le gusta jugar conmigo. Ese tira y afloja creo que se la pone dura.
Me suelto de mi tío postizo para acercarme a Brandon, sonriendo, moviendo mis caderas enfundadas en mi pantalón de cuero, sé que le gusta porque no aparta los ojos de ese punto. Me pongo frente a él, muy cerca. Con mi mano derecha subo por su esculpido pecho, el cual trabaja duramente con las pesas. Me humedezco mis labios rojos, él sonríe con anticipación. Con mi mano izquierda cojo sus pelotas fuertemente lo que hace que se encoja y se ponga a mi altura. Aprovecho el momento para susurrarle a su oído:
—Cuando seas un hombre de verdad.
Lo que iba a ser un susurro sale más alto de lo que esperaba y todos los hombres que están por aquí comienzan a reírse de Brandon.
Está rojo, no sé si por la ira o por el dolor de huevos que le estoy causando.
—¡Perra! —Es lo único que consigue contestar.
—Pero me quieres. —Beso su mejilla antes de soltar sus pelotas.
Los chicos intentan disimular las risas cuando les echo una fingida mirada reprobatoria.
—Vamos a la sala de juntas. —Les pido intentando no unirme a ellos con las risas.
Brandon me la devolverá, sin duda; lo estaré esperando. Mientras tanto disfruto con la pequeña victoria.
—Sí, jefa.
Van contestando todos los hombres, al menos los que no me odian por ocupar el puesto de mi padre mientras está de viaje. Algunos no pueden soportar que una mujer se siente en el puesto del jefe. Me gustaría que no fuera así, porque realmente los quiero como si fuéramos familia. Sin embargo, a la hora del trabajo me da igual lo que piensen, si alguno tiene algún problema se lo explicaré personalmente.
Todos van tomando asiento en la sala. En la banda hay moteros de todas las edades, hombres que llevan toda la vida dedicados a este mundo y novatos; aunque estos no se sientan a la mesa, ni siquiera se les permite estar presentes en las reuniones.
La mesa es de madera, en el centro tiene tallada una corona de rey con el nombre de la banda. Cuando no está mi padre, me siento en su sitio, presidiendo la reunión. Cuando sí que está, me siento a su lado.
—Hola, chicos, ¿puntos del día? ¿Dustin?
Dustin es el vicepresidente, la mano derecha de mi padre y, aunque todas las decisiones del club se aprueban por votación, siempre tengo muy en cuenta lo que él piensa.
—Anoche hubo un problema en la discoteca de Ice, por lo visto sus vigilantes de seguridad pillaron a varios que no eran de sus hombres pasando droga en el garito. Consiguieron atrapar a dos tipos, el resto escapó.
—¿Les han interrogado? ¿Han averiguado algo?
—Nada, Ice llamó esta mañana, quería hablar contigo. Le preocupa que alguien más este vendiendo droga en la ciudad, y más en su local, no quiere que pensemos que es ella o su gente.
—Yo nunca pensaría eso, sé que nos es leal. Cuando terminemos llamaré e iremos a hacerles un pequeño interrogatorio a los nuevos camellos de la ciudad.
—Tú no pensarías mal porque eres una mujer, y como tal eres blanda, por eso nunca podrás liderar la asociación.
Observo al que ha soltado esa perla por la boca, es Andrew; el hijo de Dustin con el cual no tiene ningún parecido, a veces pienso que la madre se los tuvo que poner bien puestos. Este es un gilipollas de los gordos. A sus treinta y cinco años tiene una ambición de poder que ni los más ancianos en la organización, si no fuera porque varios lo siguen y es el hijo de Dustin, posiblemente ya le habría pegado un tiro entre los ojos, tendría un problema menos.
Tengo que controlar la situación, si no llegará el día en que me harán un motín. Aunque algo me dice que, en algún momento, en un futuro no muy lejano, tendré que acabar con la vida de esa rata por mucho que eso le duela al que considero mi tío.
Todos me observan tensos, esperan mi respuesta y yo no me voy a hacer de rogar.
—Hola, Andrew, gracias por participar en la reunión —le digo mientras le pongo mi mejor sonrisa de «me importa tu opinión una mierda»—. Entiendo que pienses que para dirigir este club hay que tener un trozo de carne colgando entre las piernas.
Se escuchan risitas a mi alrededor, pero los ignoro, no rompo el contacto visual con Andrew.
—Pero te diré algo, eso que tenéis ahí abajo, y a lo que pensáis que todas las mujeres deberíamos idolatrar y levantar un altar en su honor, solo sirve para que cada vez que se os pone dura por ver un culo, se os baje toda la sangre del cerebro a esa zona y dejéis de pensar con claridad. Por lo que sí, considero que sí puedo dirigir el club sin ningún problema ya que no debo adorar a cada rato un badajo colgante. —Entonces caigo en que todos los integrantes de la banda son hombres—. Sin ofender, chicos.
—No te preocupes, jefa. —Oigo sin mirar de quién se trata y las risas que acompañan a su respuesta.
Andrew en cambio no parece tan divertido. Sé que se muerde la lengua por no liar el asunto más de lo que ya está. Él quiere destronarme, pero no es tan tonto, esperará el momento idóneo para hacerlo. Lo que no quita que de vez en cuando se venga arriba e intente ponerme en ridículo delante del resto. Pero aún no ha nacido un tío que consiga eso.
—Ahora bien, como te veo tan ocioso como para preocuparte de si dirijo o no a esta familia mientras los demás tenemos que tratar temas importantes de verdad, hasta que sepas comportarte como un adulto, vas a limpiar las motos de todos nosotros, incluso las de los aspirantes.
—¡Y una mierda!
—¡Andrew! —le reprende su padre.
—No te preocupes, Dustin, lo hará.
—No lo voy a hacer perr… —No le doy tiempo a continuar, la situación se puede calentar mucho y yo no tengo tanta paciencia.
—Andrew vas a limpiar las putas motos con un cepillo de dientes, las vas a dejar tan relucientes que me veré reflejada en ellas. ¿Me has entendido? —Noto la vena de mi cuello palpitar y ese tic no avecina nada bueno.
—¿Y si no qué?
Cierro los ojos, respiro profundamente antes de volver a abrirlos y poner mi mejor sonrisa.
—No te preocupes, Andrew, puedes retirarte. Si no tenemos ningún punto más del día, hemos terminado la reunión. Dustin, acompáñame a ver a Ice, el resto ocupaos del taller y de preparar la fiesta de bienvenida de mi padre. Esta noche lo celebraremos por todo lo alto.
Todos me miran debido a lo ocurrido hace tan solo unos segundos, no saben muy bien qué pensar, lo entiendo. Saben que por menos de eso soy capaz de vaciarle un cargador a un tío encima, pero es el hijo de Dustin, tendré que tomar otras medidas. Espero a que salgan todos menos mi tío, que aguarda para hablar conmigo.
—Lo siento, White, hablaré con él. Te prometo que te respetará. —Parece avergonzado de su propio hijo. Dios, cómo quiero a este hombre.
—No te preocupes, yo me encargo. Sabes que no puedo dejar que lo hagas tú por mí, si no nunca me respetarán.
Con él, mi padre y Tyler, mi mejor amigo, son con los únicos que hablo libremente de ese tipo de temas. Un líder debe ser fuerte, no debes dejar que vean tus flaquezas.
—Si le tienes que meter un balazo en el culo, y abrirle más el agujero, tienes mi consentimiento, niña.
—Lo tendré en cuenta. Dame diez minutos y nos vamos. —Le doy un abrazo a mi oso de peluche antes de salir a arreglar el tema de mi amigo Andrew.
No tengo que buscar mucho antes de encontrarlo. Mientras el resto de hombres está trabajando, el cabronazo ha cogido una cerveza y se ha tumbado en uno de los sofás del salón con los cojones descansando a gusto. Tengo que hacer acopio de toda mi paz interior para no ir y crujirle como si fuera un snack.
—Hola —saludo dulcemente.
—Grrr —esa es la única respuesta que recibo.
—Vamos, ¿tenemos que estar siempre como el perro y el gato? Aún recuerdo cuando lo pasábamos bien juntos.
Algo que realmente me gustaría poder olvidar. Nos criamos juntos, él era el chico mayor, guaperas y motero, que me volvió loca cuando era una adolescente y por el cual creé la regla de nunca enrollarme con uno de la banda. Perdí mi virginidad con él, estuvimos juntos unos años, hasta que me rompió el corazón y me di cuenta de que no era mi príncipe subido en una Harley. El cabrón se tiraba a todas las que podía en cuanto me daba la vuelta. Realmente en el grupo, la mayoría de ellos, aun casados, tenían sus escarceos amorosos, raro era el que era fiel a su novia, o esposa, pero yo era joven e ingenua y pensé que a mí me respetaría. Cuando lo descubrí le pegué un tiro y le di en la pierna, fallé, iba dirigido a su entrepierna. Desde entonces nunca fallo, ni en los tiros, ni en los hombres.
—Eso terminó cuando me pegaste un tiro, princesa —replica con una mueca.
—De eso hace ya diez años, no seas rencoroso. Éramos jóvenes, yo algo ingenua… Además, no olvidemos que algo de culpa tenías al no saber guardar tu polla en los pantalones. ¿No crees?
—Sí. —Se encoge de hombros antes de tomar otro trago de cerveza, veo en su rostro como se va relajando.
—Por lo que no veo por qué ahora no podríamos pasar un buen rato. ¿Qué me dices? —digo acercándome a su altura, dejando que mi camiseta blanca corta quede justo debajo de sus ojos y le dé una buena visión de mis tetas.
—Tú nunca te acuestas con nadie del club, son tus reglas —contesta tragando saliva mientras se recrea en las vistas de mi sujetador de encaje negro.
—Contigo ya me acosté, muchas veces, de muchas maneras, así que técnicamente no estaría rompiendo ninguna regla. ¿No?
No le hace falta nada más, me coge por mi pantalón de cuero y me hace caer sobre su cuerpo. Me sienta a horcajadas sobre su erección, parece que ya no está tan enfadado. Sus manos van directas a mis pechos por debajo de la camiseta y yo le dejo hacer mientras me restriego en su entrepierna. Bajo para atrapar sus labios con los míos y le oigo gemir contra mi boca. Lo miro mientras me besa disfrutando de cada roce de mi sexo sobre el suyo. Así que no le hago esperar y con una rapidez vertiginosa saco de la parte de atrás de mi chaleco de cuero mi pistola y la situó donde un segundo antes estaba restregándome. Él abre los ojos de sopetón cuando, en vez de sentir mi cálido y húmedo centro, siente el frío metal de mi pistola. Sonrió ante sus ojos que oscilan entre el deseo y el desconcierto.
—Ahora que ya tengo toda tu atención, Andrew, te voy a explicar un par de cositas. Asiente si me entiendes y recuerda que ya no fallo ningún disparo, no me gustaría quitarte la posibilidad de tener descendencia en un futuro.
Andrew asiente lentamente, no está enfadado, lo veo enmudecer bajo el tacto de mi pistola.
—Quiero que sepas que no te guardo rencor por lo que hiciste en el pasado, eso está pagado con el tiro que te pegué. Sin embargo, estoy muy enfadada con lo que estás haciendo en el presente. Puedo aceptar que quieras el puesto de jefe del club, muchos lo quieren, pero sabes que eso no va a suceder. No te he pegado un tiro antes por el amor que siento hacia tu padre, pero que no te vaya a matar no significa que no te vaya a dejar sin la hombría que tanto te enorgullece. ¿Me has entendido?
—Sí —dice, en su voz no hay un atisbo del chulo que he visto en la sala de reuniones unos minutos antes.
—Ahora, Andrew, vas a seguir mis órdenes porque mi padre me ha dejado al mando, y si algún día llega el momento en el que yo sea la jefa te puedes quedar para seguirme o marcharte, ese es tu problema, pero no volveré a avisarte. La próxima vez dispararé. No te mataré, pero te juro que desearás estar muerto cuando esparza trozos de tu preciosa polla por toda la sala de reuniones. ¿Te ha quedado claro lo que vas a hacer?
—Sí, White, voy a limpiar las motos de todos los integrantes de la banda.
—¿Y cómo lo harás? —pregunto acariciando sus partes con el cañón de mi Mágnum 44. Soy toda una clásica.
—Con mi cepillo de dientes. —Eso último le cuesta un poco más decirlo, pero lo hace, y yo estoy satisfecha.
—Perfecto. Si te consuela, mi moto solo la limpio yo. —Le doy un beso en la frente antes de guardarme de nuevo el arma en su funda dentro del chaleco y ponerme en pie—. Vamos.
Andrew se levanta algo más pálido de lo normal, se mete en el baño y sale rápidamente con un cubo de agua y jabón y su cepillo de dientes. A eso lo llamo yo un día perfecto.
Salimos al exterior en silencio y nos encaminamos hacia donde tenemos las motos. Dustin me espera montado en su Chopper. Todos los hombres que andan por allí, enzarzados en distintas tareas, se paran para mirar a Andrew y luego a mí, sin dar crédito a lo que ven sus ojos cuando se pone a limpiar la primera moto con su cepillo de dientes bajo un sol abrasador. Bien, es lo que necesito, que no crean que voy a permitir insurrecciones.
Llego junto a Dustin y me montó en mi Princess, no puede evitar preguntarme bastante perplejo.
—¿Cómo lo has hecho?
—Vamos, te lo cuento luego tomando una cerveza.
Él asiente y los dos reímos mientras suena el ronroneo de nuestras motos al encenderse. Sí, este va a ser un gran día.

Capítulo 2

White

La discoteca de Ice está en Wonderland, una reducida ciudad pegada a la nuestra, es tan pequeña que casi se considera la misma. Nosotros la consideramos de esa forma para los negocios y los ciudadanos siempre van allí de marcha ya que, aparte de un par de bares, en Apple City no hay mucha diversión.
Viene bien que esté a las afueras de la ciudad, es lo más adecuado ya que es un rascacielos de veinte plantas y, aunque lo tiene todo insonorizado, es un sitio que alberga tanta gente a diario que si fuera más céntrico sería bastante conflictivo. Por el día está cerrado, sin embargo, sé que estará allí. Ice tiene un ático de lujo en la última planta del edificio, desde donde controla su imperio.
Sonrió pensando en las juergas que me he pegado allí, aunque algunas estén algo borrosas. Ahora toca trabajar, así que alejo esos pensamientos de mi mente. Es un tema muy serio, si el cártel de Tinker Bell se entera de que hemos permitido que otros camellos metan las narices en su territorio, todos tendremos serios problemas. No es gente con la que te guste jugar. Nosotros llevamos muchísimos años haciendo de intermediarios para vender su droga en Apple City, y uno de nuestros principales distribuidores es Ice. Por eso es imperioso que lo arreglemos antes de que llegue a sus oídos.
Entramos por el garaje, y gracias a que nuestros cascos son rider, se nos ve la cara y la cámara nos puede hacer sin problema el reconocimiento facial, lo que nos da acceso libre. Digamos que Ice también es bastante maniática con el tema de la seguridad y tiene lo último en tecnología. Aparcamos las motos cerca de los ascensores, a esa hora el parking está tranquilo, solo los coches de seguridad y los deportivos de Ice; es una cabrona a la que le gusta la velocidad.
Subimos en el ascensor hasta la planta veinte, donde se encuentra su vivienda, en cuanto se abren las puertas nos está esperando. Lleva un vestido rojo ceñido y unos tacones del mismo color de quince centímetros. Cuando la ves por primera vez, con esos ojos tan grandes, azules, y ese pelo rubio de peluquería, piensas que es una muñeca de porcelana, pero cuando la conoces más, como yo conozco a Alice, sabes que es una perra salida del infierno; por eso somos tan buenas amigas.
—Hola, Barbie —la saludo porque sé que odia que la llame así.
—Hola, zorrasca. —Touché.
Nos medimos con la mirada. Ahí donde la ves parece inofensiva, pero alguna vez nos hemos dado de hostias por alguna cosa sin importancia, cuando yo iba borracha y ella puesta de setas, y reparte como la que más. Soy la primera en sonreír y ella no aguanta mucho más antes de darnos un abrazo, no nos vemos todo lo que nos gustaría con los trabajos que tenemos, pero cuando lo hacemos es como si no pasara el tiempo.
—¿Cómo va todo? Odio que nos veamos por temas así.
—Ya, yo también —contesta Ice—. La semana que viene, si tienes algún día libre, vente, nos emborrachamos y buscamos algún culito prieto con el que retozar.
—Hecho —le guiño un ojo a mi amiga mientras Dustin finge tos para no reírse.
—Perdona, Dustin, ¿cómo estás? —pregunta Ice.
—Bien, preciosa. ¿Te han dado muchos problemas los camellos? —pregunta mientras le da un abrazo. Es como un papá oso.
—Aparte de que no quieren hablar… No muchos. A ver si ahora están más colaboradores. Lo han intentado mis guardias, pero ya sabéis que hay cosas que, si quieres que salgan bien, las tienes que hacer tú misma. Y no quería que White se perdiera la diversión.
Me río y Dustin se pone la mano en la cara, sabe que por separado somos peligrosas, pero juntas somos imparables.
Alice se mete en el ascensor y la seguimos. Usa una llave en la cerradura que activa el mecanismo para bajar a una planta inferior al parking, a la cual solo puedes entrar de esa forma. A más profundidad, menos ruido; chica lista.
Una vez abajo compruebo que las paredes son de hormigón macizo, avanzamos por un pasillo sin puertas, al menos hasta la que hay situada al final. También tiene un cristal por donde se puede ver a dos tíos atados a unas sillas metálicas ancladas en el suelo, están bastante magullados, y si no fuera ella la que me asegurara que los ha pillado pasando droga me hubiera costado creerlo. No tienen para nada pinta de camellos. Llevan trajes caros, van afeitados, y estoy segura de que hace unas horas eran hasta guapos. Los tiene sentados y maniatados bajo la atenta mirada de un armario empotrado con cara de pocos amigos.
—¿Seguro que no has hecho ya tu magia con ellos? —pregunto al ver el estado de esos dos.
—No, te estaba esperando, sola no es tan divertido. Y los hombres no entienden mi sentido del humor. —Se encoge de hombros mientras mira con cara de sádica a aquellos dos tipejos por los que casi siento pena. Casi.
—¿No estarás colocada, no?
Tengo mucho cariño a mi amiga, pero no me gustan las drogas, aunque solo sean setas alucinógenas, y mucho menos a la hora de trabajar. Ahí dentro somos un equipo y un error, un descuido, puede poner la vida del otro en peligro.
—No, el conejo blanco me vuelve loca, no me concentraría, y estas cosas me gusta disfrutarlas.
El conejo blanco es lo que ella ve cuando va colocada, o eso es lo que me ha contado. La verdad es que me he reído mucho cuando hemos estado de borrachera en su ático viendo cómo intentaba cazar a un conejo invisible.
Me dedica una sonrisa antes de entrar en la sala.
—Quédate aquí, Dustin, si ves algo raro entra, pero si no mantente al margen. Sabes cómo es Ice.
Mi amigo asiente, sabe que Alice a la hora de este tipo de cosas solo confía en mí. Ni siquiera tortura con sus hombres. Digamos que es un poco maniática, por llamarlo de alguna manera suave.
Ice da una orden a su hombre y este abandona la sala cerrando la puerta tras de sí.
Nos situamos delante de los supuestos camellos que abren mucho los ojos con las nuevas vistas que tienen. Inocentes, si ellos supieran…
—Vaya, vaya. Nos han mandado a las putas más bonitas de este lugar para compensar el mal rato que hemos pasado.
Dice uno de ellos, el del pelo más claro de los dos con un traje color turquesa. Parece que aún tiene ganas de bromear después de todo. Tiene que haber gilipollas en todos los sitios. Pero no pasa nada, cuando termine con él no volverá a tener ganas de reírse nunca más.
—White, ¿nos ha llamado putas?
—Sí, Ice, eso parece.
Hace un ruido con la lengua en señal de disgusto.
—No me gusta nada esa palabra, es muy despectiva para las mujeres.
—Vaya, lo siento, ¿te he ofendido? Quizás no deberías vestirte como una si no quieres que te llamen así. —Está vez es el moreno de traje negro el que se envalentona.
Alice ensancha la sonrisa antes de separar las piernas y acariciarse por encima del vestido.
—Verás cuando veas la sorpresita que tengo entre las piernas.
Eso les gusta porque ambos sonríen aun con sus caras maltrechas.
—¿Sabéis por qué me llaman Ice?
—Será algún diminutivo, zorrita. —Cómo voy a disfrutar cortándoles la lengua en trocitos en cuanto nos cuenten lo que saben.
—Sí, realmente podría ser el diminutivo de Alice, pero no es por eso. —En ese momento se mete la mano entre los muslos y saca dos dagas que lleva escondidas en sus fundas—. Me llaman Ice porque corto como el hielo.
No sé si son los cuchillos o la cara con la que dice eso, pero a ninguno se le ocurre soltar ninguna gracia. Así que acompaño a mi amiga sacando las mías, que siempre me acompañan en sus fundas dentro de mi chaleco.
Me acerco y acaricio a uno de ellos pasando por su cara el filo de mi daga.
—Qué piel tan suave. Creo que me haré unas botas con ella. ¿Tú necesitas algo? —le pregunto a mi amiga.
—Un bolso me vendría perfecto. Empecemos.
—Sois unas putas psicópatas.
—Chist, esa lengua. Psicópatas sí, putas no.
Después de unas horas, algo sudadas y manchadas, abandonamos la sala con información y dos lenguas muy sucias en las manos. Es un trabajo duro, pero alguien lo tiene que hacer, y no puedo negar que he disfrutado castigando a esos cabrones que se piensan que las mujeres solo somos unas zorras y que solo servimos para que los hombres usen los agujeros que tenemos.
—¿Una cerveza? —nos pregunta Ice que tiene una pinta lamentable. Como la mía seguramente.
—Nosotros nunca decimos que no a una cerveza.
—Y una ducha, White, si vuelves así seguro que nos para la policía —observa Dustin.
Me miro y llevo toda la camiseta, los brazos e intuyo que la cara, llenos de sangre. Me encojo de hombros, el trabajo sucio es lo que tiene, siempre te manchas.
—Claro, dúchate en casa, te dejaré algo de ropa. —Miro a mi amiga de arriba abajo.
—No te ofendas, Ice, pero ¿tienes ropa normal? —Me mira como si no entendiera.
—¿Normal?
—Sí joder, ya me entiendes, que no parezca que me he escapado de un catálogo de modelos. Si aparezco así vestida en casa, tendré bromas por el resto de mi vida.
Lejos de ofenderse Alice empieza a reír y Dustin la acompaña imaginándose la cara de todos los chicos viendo a la Princess de la banda de aquella forma.
Después de unas cervezas, me he dado una ducha caliente con la que he intentado destensar los músculos de mi espalda sin éxito. Ice y Dustin me miran encantados cuando aparezco delante de ellos con la ropa que me ha prestado Alice. Un vestido negro que se ajusta a mi cuerpo como si fuera mi piel. Es muy corto, llevo tanga, pero me siento desnuda, por eso me he puesto encima mi chaleco, el cual he limpiado en el baño a conciencia —no pienso ir casi con las tetas fuera, solo me faltaba eso—, y mis botas de motera. Si me pongo también los zapatos que se pone mi amiga acabaré en el hospital para que me den puntos.
—Princess, estás guapísima —afirma Dustin.
—Venga, Ice, en serio, tienes que tener otra cosa. ¿Algo que uses para hacer deporte?
—Yo no hago deporte. ¿Me imaginas con un chándal de esos? —me dice como si hubiera perdido la cabeza totalmente.
—¿Un pijama? Prefiero ir en pijama.
—Duermo desnuda, así que eso te va a cubrir más. —Pongo los ojos en blanco—. Además, estás guapísima. Por una vez no pareces un machorro con esa ropa de motero. A los chicos les va a encantar.
Me paso una mano por la frente notando como se avecina un profundo dolor de cabeza. El club… Cuando me vean van a flipar, voy a tener cachondeo por el resto de mi vida. Tengo que recordar llevar siempre una muda en la moto, nunca sabes si vas a tener que torturar a alguien.
Mejor no pensarlo, tenemos que volver a casa, para que pueda cambiarme sin que me vea nadie, antes de que lleguen mi padre y Tyler. Cómo echo de menos a ese cabronazo. Es mi mejor amigo, nos hemos criado juntos. Su madre era una yonqui que murió al poco de nacer él, así que se crio en la asociación. Por desgracia su padre falleció en un tiroteo con una banda rival cuando aún éramos muy pequeños, así que mi padre lo crio como otro hijo más. Es como mi hermano y somos inseparables. Pero se ha ido de misión con mi padre a ampliar nuestros negocios de armas en otras ciudades, hace un mes que no lo veo y es como si me faltara mi otra mitad.
—Venga, anda, vámonos. —Dustin asiente, se nos ha hecho bastante tarde, las horas pasan volando cuando torturas a alguien.
—Gracias por venir y por confiar en mí, White. Si me necesitas para ir a ver a esa banda de moteros, sabes que estaré encantada de ayudar. —Y ahí está de nuevo su sonrisa sádica.
—Lo tendré en cuenta, nadie es tan buena como tú con los cuchillos. Por cierto, ¿qué has hecho con las lenguas?
—Se las he echado para cenar a las pirañas. —Me dice con esa sonrisa angelical que parece que nunca ha roto un plato.
—Mejor no preguntar qué más les das de comer —sonrío.
—Mejor.
Nos damos un abrazo rápido y le prometo que la semana que viene vendré para corrernos una juerga. Al estar mi padre podré permitirme un ratito de diversión. Volvemos al club, sin duda lo más difícil de todo ha sido montar en la moto con todo el «tema» prácticamente al aire.
Está todo muy silencioso, seguramente están todos en el salón preparando la fiesta sorpresa de mi padre. Voy a entrar por detrás para cambiarme antes de que alguno me vea.
—Dustin, te veo dentro. Me voy a cambiar, entraré por detrás.
—Perfecto, no tardes. Tu padre tiene que estar al llegar.
Le sonrió y me voy a encaminar hacia la parte trasera cuando todas las luces del patio se encienden y los chicos aparecen gritando: «¡Sorpresa!». Desde luego que menuda sorpresa. Me han pillado en bragas, casi literalmente. Empiezo a oír silbidos.
—Joder, jefa, si ese va a ser tu nuevo uniforme le voy a pedir al presi que te ponga ya al mando.
—Princess, normalmente estás buena, pero ahora estás brutal —grita otro.
Y así van saliendo varias bromas más de mis chicos. El calor recorre mi cuerpo, no soy vergonzosa, pero estos mamones me lo están poniendo bastante difícil.
—No seáis capullos, u os pienso dejar el culo con más agujeros que un colador.
—Si me disparas con ese modelito, creo que lo soportaré —dice otro.
Vale, vale, cómo me voy a enfadar si es normal que se rían, yo también lo haría si fuera otro al que le pasará lo mismo. Hasta los novatos se ríen y yo siento como el calor inunda mi cara. Cuando oigo el rugir de unas motos detrás de mí estoy segura de que son mi padre y los demás. Lo que me faltaba, ahora Tyler se va a reír un año de mí. Me giro para mirarlos, busco a mi padre entre los chicos, tengo muchas ganas de abrazarlo. Cuando por fin lo encuentro, ya que viene algo rezagado, hay algo que me desconcierta. Mi padre lleva paquete en la moto. ¿Quién coño es?

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¡Hola!

Hoy os vengo a contar que durante unos días mi novela estará en rebajas a tan solo 0,99€

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Sinopsis:

Asia es una escritora novel que ve como su sueño se hace realidad cuando una productora decide llevar su novela a Hollywood. Ella tendrá que ir como asesora para que la película sea lo más fiel posible al libro. Con lo que no contaba es con tener que lidiar con Noah. Un chico tremendamente sexy, que es diez años más joven que ella y además es el protagonista de la película. Asia intenta no sentirse atraída por él ya que es todo lo que no quiere en un hombre, más joven, un mujeriego, chulo, posesivo, pero sobre todo porque sabe que le romperá el corazón.
¿Conseguirá resistirse a él o el guion de su historia ya está escrito?

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RETO DÍA 7

Buenas tardes!

Sabéis que en estos días mi situación laboral ha cambiado por lo que he tenido que modificar de nuevo mis hábitos de escritura. No he querido perder los beneficios de madrugar para escribir.

Así que la nueva rutina de este reto madrugar para escribir es levantarme a las 7:45 para ponerme el café y esas cosas que ya sabéis que hago y escribir dos horas por la mañana. La idea es hacer dos también por la tarde pero eso ya es otro reto.

Pues ayer fue mi día 7 del reto pero el primero de las dos horas.

Tengo que admitir que al principio me costó un poco ya que el horario es diferente y la gente está más activa. Es decir, las redes, los móviles, etc.

Cuando conseguí soltar el móvil y me adentre en la historia se me paso el tiempo volando, incluso se me paso la hora.

Resultado casi 3000 palabras y yo la mar de contenta.

Lo que voy notando en 7 días que llevo es que rindo mucho más nada más levantarme.

Besos!!!

RETO DÍA 6

Buenos días!!!

Ayer fue mi día 6 de madrugar para escribir nada más y nada menos que una hora antes.

Tengo que decir que aunque tengo sueño cuando llego a casa del trabajo escribo con la mente despejada. Cuando llego por la tarde después de la saturación de todo el día, el estrés, me es imposible, la cabeza no me da para más. No sé si os pasa.

Bueno a lo que iba que me lío, me lío…

Pues me senté con mi café, mi mantita y el portátil y a darle a la tecla. La verdad es que los primeros minutos me costó meterme algo en la historia pero luego me dieron las 7:15 escribiendo sin darme cuenta. Es decir, que me pasé 15 minutos.

Resultado 1200 palabras.

Lo que os dije que os contaría ayer es lo siguiente.

El jueves santo salía de viaje por el puente. Me había puesto la alarma a las 8 para escribir antes de salir, pero la de mi chico sonó a las 7… cosas del directo, así que lejos de matarlo me dije: «pues así aprovechas y escribes» total que me puse a tomarme el café en la cama, a mirar las redes, etc y a las 8 pasadas me senté a escribir.

Resultado no me salía. No sé si porque estoy cogiendo el hábito de escribir según me levanto que no miro ni el móvil, ya que soy de las que se distraen con una mosca o por si fue que ese día no estaba inspirada, pero me pareció muy curioso. Lo observaré este fin de semana.

Feliz día!

RETO DÍA 5

Buenos días!!

Ayer fue el día 5 del reto madrugar para escribir!!

Como todas las mañanas ya sabéis café, mantita y portátil.

Pues ayer tengo que decir que mi cabecita estaba poco colaboradora así que cada dos palabras se distraía con vamos a mirar esta palabra en internet, mira ya que estas en Google vamos a ver tal cosa. Lo sé, lo sé soy un desastre y hablo de mi cabeza como si fuera una persona… pero es que yo tengo un pensamiento pero es que mi cerebro a veces tiene voluntad propia.

Al final me puse sería y escribí 900 palabras, no ha sido mi mejor día pero sigo orgullosa de seguir madrugado para escribir. Me voy con una sensación liberadora a trabajar.

En la de mañana os contaré una anécdota que descubrí el jueves santo.

Hasta mañana!! Y os ánimo a que intentéis algún reto es muy motivador.

RETO DÍA 4

Buenos días!!!

Ayer fue el cuarto día del reto madrugar para escribir. Pensé que sería peor después de unos días de fiesta, pero la verdad es que me levante bien.

Como días anteriores hice mi ritual de encender el portátil, me fui a por café, y con la mantita encima de mis piernas me puse al lío.

La verdad es que ayer mi querido cerebro colaboró bastante bien, le tuve que ayudar un poco ya que ayer tocaba escena de baile y le tuve que poner la canción.

No sé si os he contado alguna vez que yo relaciono mucho mis libros con música. Depende del libro tengo unas canciones que escucho siempre que escribo, manías supongo.

Las uso incluso para inspirarme ayer tocaba la de Stupid de Aitana, así que me la puse y me pasé hasta de hora. Me dieron las 7:15 escribiendo resultado 1200 palabras y correr para arreglarme para ir a trabajar.

Jejeje espero que os haya gustado la entrada de hoy.

RETO DÍA 3

Buenos días!!! Mi página de escritora a decidido volver de Semana Santa.

El miércoles 17 fue mi tercer día del reto y como los dos anteriores,encendí el portátil y cogí mi sagrado café para empezar a escribir. Tengo que decir que mi querida cabeza ayer no estaba dispuesta a colaborar conmigo yo quería escribir pero el quería distraerse con cualquier cosa, vamos mirar en internet, mirar el móvil, todo le venía bien…

Total que después de un rato de discusión nos ponemos a escribir. El resultado fue bueno 1100 palabras y una nueva idea que no tenía pensada para la historia así que me fui muy contenta para el trabajo. Pasé el día con mucho sueño eso sí, no os voy a mentir, pero que me quiten lo bailao.
Hay una frase que me encanta que dice «No será fácil pero te aseguro que valdrá la pena» pues es algo en lo que creo plenamente.

El lunes más, ¡Feliz Semana Santa!

RETO DIA 2

Buenos días!!!

Reto día dos que fue ayer día 16 de abril. Suena el despertador a las seis me voy directa al despacho le doy a la tecla de encendido y mientras lo hace me voy en modo zombie a por el café. Vuelvo con mi taza como si fuera la ambrosía de los dioses entre mis manos y me siento en mi silla, me tapo con mi mantita gris y vamos manos a la obra. En ese momento no hay miradas de reto entre mi portátil y mi cerebro. No sé porque ayer mi cerebro se puso automáticamente a trabajar 《seguramente se sentía amenazado por todo lo que le dije el día anterior》así que fenomenal escribí la hora entera. Pasé de las 600 palabras del primer día a las 1000. Me note mucho más activa desde tan pronto, y me fui a trabajar muy satisfecha de irme con los deberes hechos. Eso sí a las cuatro de la tarde en la oficina tenía un sueño… que me moría esperemos que con los días eso mejore.

Y hasta aquí la entrada de hoy. Gracias por vuestros ánimos 🥰🥰🥰

Encuentro el baúl 2019

El sábado 13 de abril en la biblioteca Eugenio Trias en el retiro de Madrid se celebró el encuentro del Baúl de lectores y escritores.

Solo puedo decir que muchísimas gracias a las administradoras Begoña Medina, Ivinne Vivier, RM Madera por hacerlo posible. He conocido a gente con la que hablo a diario en las redes que es aún más maravillosa en persona y a otra que no conocía que me ha dejado igual de encantada. He visto a mi amiga Rachel Rp y a Ester Fg así que muy feliz!! Os dejo las fotos y el video con las mesas. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Videos mesas

RETO DIA I

Pues empecemos ayer día 15 de abril fue mi día 1.

Yo me levanto a las 7 normalmente para ir a trabajar así que me puse el despertador a las seis, me fui directa al despacho, encendí el portátil y mientras a por café a la cocina.

Ya con una taza de humeante café en mis manos me senté frente la pantalla del portátil. Él me miraba y yo a él mientras mi cerebro solo me decía ¡estás loca! Vuelve ahora mismo a la cama! Soy de aquellas personas que van en automático hasta bien entrada la mañana y su cerebro va dormido hasta entonces, sí, sí de las que no hablan, no por antipatía si no por que no les da y necesitan mucha cafeína…

Así que después del reto de miradas entre el portátil y yo, los gritos de mi cerebro empecé a escribir, tengo que admitir que al principio bastante malo y que me distraía todo el rato… me ponía a buscar cosas por internet así que el resultado de mi primer día fueron 600 palabras pero os diré algo me fui orgullosa a trabajar por que 600 es más que 0.

Para mucha gente sé que es su momento del día favorito para escribir para mí es algo totalmente nuevo ya que soy de las que nunca escribe hasta que esta bien despierta pero creo que puede llegar a prometer. Os dejo los resultados de ayer.

Un abrazo!!!

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