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El guardián de piedra

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El guardián de la muerte

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Naga la gárgola guardiana

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Felices fiestas 😘😘😘

El guardián de piedra rebajado en el mes indie

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#MesIndie

Aún no conoces el nuevo fenómeno sobrenatural que esta llegando a todos los rincones del mundo?
No se trata de hombres lobos, ni de vampiros, ni si quiera ángeles o fantasmas…
Las gárgolas viven entre nosotros, pasando desapercibidas, con un único objetivo; Salvar a la raza humana de los demonios que Hades esta liberando del mismísimo infierno. Los raptores seres que se alimentan de las emociones humanas hasta que nos dejan secos literalmente.
No trates de saber más, sé que la curiosidad te mata, pero si ellos te capturan y no tienen una gárgola cerca te mataran literalmente, así que ¡Corre! mientras tengas tiempo. Yo ya me encuentro inmersa en esta guerra entre inmortales de la que no puedo, ni quiero salir…

Gratis 21 y 22 de Agosto

Los días 21 y 22 de agosto estará gratuito el primer libro de la saga Los guardianes de piedra. Sí aún no te has enganchado a mis gárgolas está es una oportunidad perfecta.

Recuerda siempre que si te gusta una novela de un autor indie comenta en amazon, goodreads, blog siempre nos ayuda a tener más visibilidad.

El guardián de piedra

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Dos Dos dioses enfrentados, provocaran una guerra en la tierra. Hades ha creado un ejército de Raptores. Ha resucitado a los más crueles asesinos para arrebatar las almas humanas. Llamados raptores por alimentarse de las emociones humanas, hasta dejarlos sin un ápice de vida. Laya diosa protectora de los humanos, creara a las gárgolas seres mitad hombres, mitad bestia con poderes sobrenaturales, que lucharan contra los raptores por que los mortales sobrevivan. ¿Quién ganara esta guerra entre inmortales?
Sárilan y Amanda dos hermanas madrileñas deciden pasar sus vacaciones conociendo la hermosa Atenas. Lo que nunca imaginaron es que se encontrarían en medio de una lucha épica donde tendrán que sobrevivir y combatir por no perder su corazón.

Axel, guerrero de la hermandad de las gárgolas. Cuando cree que su corazón se ha convertido en piedra por toda la eternidad, conocerá a una pequeña humana que pondrá su mundo del revés. Tendrá que luchar contra sus sentimientos encontrados y peor aún, tiene que mantenerla con vida frente a los raptores que se han empeñado en acabar con ella.

Historia donde encontrarás acción, humor, pasión, y sobre todo mucho amor.
¿Te atreves a conocer a mis inmortales?
dioses enfrentados, provocaran una guerra en la tierra. Hades ha creado un ejército de Raptores. Ha resucitado a los más crueles asesinos para arrebatar las almas humanas. Llamados raptores por alimentarse de las emociones humanas, hasta dejarlos sin un ápice de vida. Laya diosa protectora de los humanos, creara a las gárgolas seres mitad hombres, mitad bestia con poderes sobrenaturales, que lucharan contra los raptores por que los mortales sobrevivan. ¿Quién ganara esta guerra entre inmortales?

Sárilan y Amanda dos hermanas madrileñas deciden pasar sus vacaciones conociendo la hermosa Atenas. Lo que nunca imaginaron es que se encontrarían en medio de una lucha épica donde tendrán que sobrevivir y combatir por no perder su corazón.
Axel, guerrero de la hermandad de las gárgolas. Cuando cree que su corazón se ha convertido en piedra por toda la eternidad, conocerá a una pequeña humana que pondrá su mundo del revés. Tendrá que luchar contra sus sentimientos encontrados y peor aún, tiene que mantenerla con vida frente a los raptores que se han empeñado en acabar con ella.
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Primer capítulo Naga la gárgola guardiana

Lo prometido es deuda así que hoy os traigo el primer capítulo de mi nueva novela. Espero que os guste.

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PRÓLOGO

Ella no había sido madre así que no sabía lo que eran los dolores de un parto, pero debería ser algo muy parecido a lo que sentía en ese momento, ya que la destrozaba desde dentro; notaba como roían sus entrañas. Su cabeza parecía que le iba a estallar, la golpeaba un continuo martilleo y la presión tras los ojos era insoportable. Tenía las fosas nasales y la boca totalmente secas, lo que provocaba que, cada vez que intentaba tomar una bocanada de aire le ardieran como si estuvieran en carne viva. Sus labios agrietados por la falta de humedad se resquebrajaban aún más con cada movimiento y no podía hacer nada para remediarlo, ni si quiera pensaba con claridad a causa del sufrimiento.
El cuello estaba tan tenso que parecía que con solo un suave golpecito se partiría en dos. Siempre acumulaba toda la tensión en esta zona, y en ese momento parecía tenerla multiplicada por mil. El pecho subía y bajaba con dificultad, el dolor la paralizaba, tenía miedo de respirar un poco más fuerte, más de lo debido y no poder soportarlo. El corazón latía a mil por hora dando la sensación de que saldría despedido en cualquier momento. Sus piernas y brazos se estaban literalmente rompiendo en mil pedazos, los huesos parecían de mantequilla, quebrándose un poco a cada segundo que pasaba y la piel se estiraba para poder acoger lo nuevo que se estaba formando dentro de ella.
Sentía mucho frío tumbada sobre ese suelo de mármol, pero a la vez estaba segura de que la fiebre corroía todo su cuerpo y una capa de sudor perlaba cada retal de su blanquecina piel. Estaba desorientada, ¿qué le pasaba?, ¿por qué a ella?, quería preguntarle a Sárilan, que le sujetaba la cabeza entre sus piernas intentando aliviar algo del dolor que sufría. Lo intentó, pero no podía articular palabra, la voz no le salía de la garganta. Tuvo miedo de hacerle daño a ella o a los bebés cuando su cuerpo empezó a convulsionar violentamente, pero solo consiguió implorarle con la mirada que se marchara, cuando el tormento que padecía se lo permitió.
¿Dónde estaba su hermano? Cómo le extrañaba en aquel momento. Él sabría qué hacer, siempre la ayudaba. Rezó para que llegara pronto y pusiera fin a todo este calvario, o de lo contrario que cayera inconsciente para dejar de sentir, pero ninguna de las dos llegó.
La locura se estaba instalando en ella, todo aquel sufrimiento que no la abandonaba le quitaba la poca cordura que le quedaba. No sabía si habían pasado horas o días, le daba igual, solo quería morir para que todo aquello llegara a su fin. Seguía sin poder moverse mientras su cuerpo seguía transformándose.
Cuando pareció que el dolor amainaba se quedó inconsciente y dio a Dios gracias porque no podía soportarlo más.

CAPÍTULO I

Después de todo el derramamiento de sangre de ese día, todos necesitaban unas merecidas vacaciones.

Marius volvía de la muerte, se había convertido en un muerto en vida durante todos los meses que había estado alejado de su familia. Se marchó de casa meses atrás destrozado, por el sentimiento de culpa tras haber perdido a la mujer que amaba. Ahora, que por fin la había recuperado, solo quería disfrutar de ella el mayor tiempo posible. Es algo de lo que nunca se cansaría, de amar a ese pequeño demonio. Tenía pensado no abandonar la habitación por lo menos en un mes.
Su hermano de armas, Axel, solo llevaba unas horas separado de su mujer y ya deseaba tenerla entre sus brazos y demostrarle cuánto la había echado de menos, a ella y a los mellizos. No veía el momento de que nacieran y que se durmieran mientras los acunaba. Ahora que Marius había vuelto, su familia por fin estaría al completo.
Cormand y Silas también se habían ganado un merecido descanso. Aunque eran los más despegados de todos ellos, no dudaban en entregar la vida por su familia, aunque esta no fuera de sangre.
Akiles, Rey de las gárgolas de Grecia, estaba ansioso de estrechar a su hermana pequeña entre sus brazos y ver que estaba bien. Cada vez que se encontraban tan cerca de la muerte y pensaba en poder perderla… se volvía loco. Desde que fallecieron sus padres, años atrás a manos de los raptores, no sabía qué haría si algo le sucediese. Por ese motivo era tan sobreprotector con ella, aunque sabía que la estaba privando de muchas cosas y que ella en ocasiones sufría… pero lo hacía por su bien, y cuando creciera, lo entendería. Era su única familia de sangre, y por ella sería capaz de bajar al mismísimo infierno para arrancarla de las garras de Hades, si con eso la pudiera recuperar.
El sol ya despuntaba cuando aparcaron el Knight XV blindado frente a la casa, un coche perfecto para una noche de guerra como la que habían vivido. Uno a uno fueron bajando del vehículo, y aunque eran tan distintos en ese momento, todos tenían algo en común, el cansancio que se marcaba en sus rostros.

Akiles fue el primero en cruzar el umbral con los ojos brillantes de emoción esperando encontrarse con su hermana y con Sárilan, que saldrían a recibirlos en cuanto oyeran el motor. Seguramente no habrían podido pegar ojo en toda la noche, esperando que su familia volviera ilesa a casa.
Le sorprendió que ninguna de las dos estuviera allí. La preocupación empezó a crecer en él. «No, no les podía haber pasado nada, seguramente se habían quedado dormidas de tanto esperar» pensó Akiles un poco alterado.
Intentó tranquilizarse en vano. Los nervios de los últimos días habían hecho mella en todos ellos. Caminó rápidamente hacia el salón, esperando encontrarlas en los sillones dormidas; el resto le seguía de cerca, también algo confusos y preocupados. Cuando llegó a la entrada, su cuerpo se quedó petrificado y Axel chocó contra él, pues éste no había visto que se detenía hasta que fue muy tarde. Iba bromeando sobre algo con Marius, ya que intentaba que su amigo no se fijara en que su mujer no estaba recibiéndoles.
—Hermano ¿qué haces ahí en medio? Quiero ir a abrazar a mi mujer. Luego, si quieres, te abrazaré a ti —bromeó Axel abrazando a Akiles por detrás.
Pero Akiles no contestó. Axel dudó que realmente le estuviera escuchando, su amigo iba perdiendo el color por segundos. Axel al ver que no reaccionaba y preocupado de que le hubiera pasado algo a las mujeres, le empujó y entró en el salón como si de un miura se tratará.
—¡Dios mío! ¿Qué demonios…? —Axel no creía lo que veían sus ojos.
Al oír esto y ver su expresión, el resto entraron corriendo en la estancia y se quedaron todos igual de paralizados. Sárilan estaba en el suelo con una Scailar inconsciente en su regazo. La hermana pequeña de Akiles, tal y como la habían conocido se había marchado. Ahora, en su lugar había una Naga. Sárilan derramaba lágrimas por sus blancas mejillas, Axel reaccionó al ver a su mujer en aquel estado y saliendo de su estupefacción fue a abrazarla para darle consuelo.
—No te preocupes mi amor, ya pasó, estamos todos aquí contigo —Le acariciaba el pelo mientras besaba por todo su rostro.
—No sé qué le ha pasado… ha sufrido tanto… El dolor la estaba destrozando, no podía ni gritar, pero yo, se lo veía en su rostro y en cómo se convulsionaba su cuerpo —Su marido la estrechó más fuertemente, intentando absorber algo de su miedo y dolor—. Yo no podía hacer nada para ayudarla, nada. Cuando todo terminó, pensé que por fin, descansaba. Estaba inconsciente y yo pude respirar cuando la toqué y localicé su débil pulso. Pero luego… se transformó… —Señaló su cuerpo que se veía tan hermoso, a la vez que mortífero.
Sus piernas habían desaparecido y habían sido reemplazadas por una hermosa cola de escamas verdes y doradas, que culminaba bajo su ombligo donde ahora tenía una pequeña armadura plateada con joyas incrustadas, dejando su vientre plano al aire. Sus turgentes pechos estaban protegidos con una armadura decorada igual que la inferior. Sus largos cabellos rubios y rizados ahora estaban reposando sobre sus brazos, y dos trenzas enmarcaban su bello rostro. Su cabeza tenía una corona de plata con una piedra morada y en sus manos reposaban dos espadas Thega, las espadas hindús del sacrificio, pero lo que más llamaba la atención de ella era el aura floral que emanaba de su cuerpo.
—Lo que has vivido es la transformación que los de nuestra especie sufrimos para convertirnos en guerreros del ejército de las gárgolas. Scailar ahora es una Naga —dijo Marius abrazando a su mujer por la espalda, que admiraba maravillada el cambio de Scailar.
—¡Gracias a Dios! Pensé que se moría hasta que la vi cambiar —Se enjuagó las lágrimas—. ¿Qué es una Naga?
—Sárilan, una Naga es un semidiós, mitad mujer, mitad serpiente. Las Nagas tienen un gran encanto, cualidad que las hace muy poderosas sin necesidad de recurrir a la violencia. Son enormemente inteligentes, sabias y pacientes. Prueba de ello es que son capaces de pasar horas inmóviles vigilando a un enemigo. Además, descansan en un estado semiconsciente por lo que difícilmente pueden ser sorprendidas. Poseen magia, aunque prefieren no usarla. Existen tres tipos de Nagas; Scailar es una guardiana y menos mal… son de naturaleza noble, por lo que suele avisar a los intrusos e incluso los entierran después de la batalla. Son capaces de escupir veneno y matar con él, aunque también pueden usar la mordedura y la constricción —le explicó Axel a su esposa—Si hubiera sido una Naga espíritu estaríamos bien jodidos, esas son perversas y atacan sin miramientos a cualquier persona, aunque sea un ser querido… además paralizan con la mirada, así que tenemos que dar gracias por ello.
—Me has dejado de piedra, ¿cómo sabes tanto sobre esto? —dijo Sárilan sorprendida.
—Desde que era niño me ha gustado la mitología y he leído mucho sobre ello, tengo trescientos años, imagina todo lo que me ha dado tiempo a aprender —Su mujer le sonrió encantada.
—Bueno, parece que son buenas noticias. ¿Por qué tenéis todos esos caretos entonces? —los miró uno a uno—. Tendréis una gran guerrera a vuestro lado.
—El problema es que nunca ha existido una mujer guerrera en las filas de las gárgolas… —Fue Akiles quien dijo lo que nadie quería pronunciar en alto—. Es señal de que algo muy malo se avecina —Y se agachó junto a su hermana para abrazarla.

Mi nueva novela Naga La gárgola guardiana de Jess Dharma

Ya podéis reservar mi nueva novela Naga La gárgola guardiana, tercera parte de la saga Los guardianes de piedra. Si lo reservas el mismo día 5 de agosto se descargará automáticamente en tu dispositivo. No solo puedes leerlo si tiene un E-book de Kindle, también en Tablet, o en móviles descargando la aplicación Kindle tanto para Android como para Apple.

Si te gustan las historias con acción, fantasía, amor, pero sobre todo mucho humor y cosas mágicas esta es tu novela.

Espero que lo disfrutéis y si os gusta no os olvidéis dejar vuestro comentario en Amazon.

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SINOPSIS

Dos dioses enfrentados, provocarán una guerra en la tierra. Hades ha creado un ejército de Raptores. Ha resucitado a los más crueles asesinos para arrebatar las almas humanas alimentándose de sus emociones hasta la muerte. Laya, diosa protectora de los humanos, creará a las gárgolas seres mitad hombres, mitad bestias con poderes sobrenaturales, que lucharán contra los raptores para que los mortales sobrevivan.
¿Quién ganará esta guerra entre inmortales?
La diosa Artemisa es secuestrada por el Minotauro de sus aposentos en la isla de Ortigia. Su tía Laya desconsolada manda a sus mejores guerreros del ejército de las gárgolas a buscarla a Creta y de paso matar al que ha osado a hacerlo, pero misteriosamente ellos también desaparecen sin dejar huella.
Apolo y Scailar se embarcan en un viaje lleno de peligros por la Grecia antigua para recuperar a sus hermanos, enfrentándose a monstruos mitológicos y peligros inimaginables. Pero si hay algo peor que todo eso es que ellos dos se llevan a matar, él es un mujeriego y un prepotente de cuidado, y ella ha sido criada para no dejarse intimidar, aunque la atracción entre ellos es igual o mayor al odio que sienten.
Embárcate con ellos en ese viaje mágico lleno de aventuras en un mundo mitológico.

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El guardián de piedra 1° Capítulo

Buenas tardes, hoy quiero compartir con vosotros el primer capítulo de mi novela romantica sobrenatural el guardián de piedra. Espero que lo disfrutéis.

Prólogo

La leyenda dice que todo comenzó hace mucho, mucho tiempo, casi en el comienzo de todo. Hades y Laya, aunque habían nacido como dioses, crecían como cualquiera de nuestros hijos, estudiaban, jugaban, hacían travesuras y se divertían mucho juntos. A Laya le gustaba imaginar que sus muñecas eran humanas y que ella era la diosa a la que veneraban, en cambio Hades como buen chico que era, le gustaba pensar que cuando creciera le sería otorgado el poder para ser el dios de la guerra.
—¡Cuando sea el dios de la guerra dirigiré a todos tus humanos y tú serás mi reina! —decía él sacando su pequeño pecho para parecer mayor delante de su amiga.
—¡De eso nada! Los Humanos no lucharan cuando yo sea su diosa, y por supuesto que no me casaré contigo, no me pienso casar, ja, ja, ja.
Los años pasaron y llego el día en que les otorgarían sus poderes, pero al menos para uno de ellos los planes no saldrían como llevaba toda la vida planeando. A Laya le fue otorgado el título de diosa de los humanos, suyo sería el deber de protegerlos. Ella había sido preparada para ocupar ese puesto desde que tenía uso de razón.

Ahora era el turno de su amigo. Hades ansioso recibió la mala noticia de que sería el nuevo dios del inframundo, dedicado a guardar en el infierno las almas humanas más despiadadas y crueles que hayan existido.
—¡No! ¡Tiene que ser un error, yo no puedo ser exiliado en el purgatorio! —Su cabeza no paraba de girar, todo lo que llevaba planeando durante años, gobernar la humanidad, Laya estaría a su lado… él la amaba, en su edad adulta no se lo había dicho, pero ella seguro que lo sabía, ¿o no?
—¡Cómo osas desafiarme! —gritó Zeus y retumbo cada pilar del Olimpo.
Sabía que se tenía que calmar, si no refrenaba sus palabras el dios podría descargar sobre él toda su furia atronadora.
—No mi señor, disculpad. Haré como gustes. Si me disculpáis —Y con una reverencia abandono el salón de actos y dejo a los demás celebrando su dichoso día.
Laya en cuanto pudo se escapó y acudió a sus aposentos, sabía que su amigo necesitaba un hombro donde desahogarse.

Ambos sabían que ese día llegaría, siempre había sido una persona ávida de poder, pero en los últimos años había empeorado… se había vuelto más violento frente al resto de dioses, y puede ser que eso fuese lo que había hecho cambiar de opinión al rey de los dioses.
—¿Puedo pasar? —dijo tocando con los nudillos la puerta de cristal opaco.
—Siempre, ya lo sabes. —Estaba recogiendo sus cosas.
No levanto la vista para mirarla, lo que indicaba que la situación estaba peor de lo que pensaba.
—Lo siento Hades, sé lo importante que es esto era para ti. —Acarició su fuerte brazo. Daría cualquier cosa por poder absorber parte de ese dolor que sabía que sentía.
—No te preocupes, tú dirigirás a los vivos y yo a los muertos —Soltó una carcajada, no le gustaba que ella se preocupará. Ella siempre sería su talón de Aquiles—. Espero que te guste el calor, porque según tengo entendido allí es sofocante. ¿Cuánto tardaras en estar lista? —Pasó un minuto, otro y al no tener respuesta levantó la mirada hacia ella—. ¿Qué te ocurre?

—Yo, yo no voy a ir Hades, eres mi amigo y te quiero, pero no quiero pasar la eternidad entre las paredes del infierno. —Se echó a llorar porque sabía que le estaba partiendo el corazón.
—Pero y ¿qué pasa con lo de siempre juntos?, yo te amo Laya, ¿cómo puedes abandonarme? —La cogió fuertemente por ambos brazos y la zarandeo—. ¡Contesta!
—¡Porque yo no te amo! —mintió.
En ese momento Hades petrificado parecía tocado por el beso de Medusa, la miro con odio y segundos después desapareció del Olimpo.
Un Hades despechado por el deshonor recibido por parte del rey de los dioses, y menospreciado por la mujer amada, ideo un plan de venganza. «¿Y de qué manera se puede hacer más daño a un dios?» pensó. «Con sus queridos humanos, sin duda».
Fue seleccionando a los más crueles asesinos entre los humanos, y pacto con ellos, «en el momento de tu muerte si te consagras a mí, te devolveré a la vida, es más, serás inmortal, a cambio tendrás que estar a mis órdenes y matar sin misericordia para llenar el infierno con sus almas» fue el pacto que les ofreció.

Todos los asesinos estaban satisfechos de morir, ninguno quería esperar a que la muerte llegara buscarlos. Ellos mismos se despojaban de su vida mortal, de esa manera estaban a su servicio y podían dar rienda suelta a sus atroces mentes. Les había bendecido con varios dones, serían fuertes y no morirían siempre que se alimentaran de las emociones humanas. Serían rápidos, fuerza sobre humana, y hermosura para engatusar a sus víctimas.
Cuando Laya se enteró de lo que estaba ocurriendo, desesperada por no saber qué hacer, le pidió consejo al rey de los dioses, Zeus. Necesitaba ayuda, no sabía cómo detener algo así, le superaba. «Hija yo no puedo intervenir ahora los dos sois dioses, pero deberías defender a tus hijos los humanos, ellos te rezan cada noche y piden tu protección, no les dejes desamparados». Y así hizo ella. Pensó en varias opciones hasta que eligió una con la que realmente poder hacer frente a los seres que Hades había creado. Creo un ejército de Gárgolas, esos maravillosos y fuertes seres mitológicos, para poder combatir a los raptores, los asesinos de Hades.

Zeus viendo lo que esos dos dioses habían provocado los convocó en el Olimpo. Sin hacer esperar al dios aparecieron delante de él en el salón del trono, en el Olimpo. Se miraron el uno al otro con desprecio en la mirada.
—Ahora mismo me da igual vuestra rivalidad. Estáis aquí porque los dos sois dioses y habéis decidido crear una guerra en la tierra, donde viven mis amados humanos. Y aunque soy el rey de todos vosotros, hay cosas en las que no puedo intervenir. Los dos sois conocedores de ello, de no ser así, hoy no estaríamos aquí. Pero lo que sí puedo y voy a hacer es poner una serie de reglas, que más os vale cumplir, porque no tengo tiempo, ni paciencia para más tonterías. ¿He sido suficientemente claro? —Asintieron—. Primera regla y la más importante, los humanos a parte de los que Hades convierta o si alguno lo descubre por accidente… no sabrán de la existencia de ambos ejércitos, no tienen la culpa de tener a dos dioses caprichosos jugando con ellos. Segunda, cada uno de vuestros ejércitos tendrá una debilidad, para hacer el asunto más justo.
—Padre…

—No me interrumpas —Sonó un trueno fuera y Laya cerró la boca al instante— Tú Hades que tanto buscaste dañarme a través de los humanos y que tanto te gusta la guerra, limitaré tu radio de acción al manto nocturno. Si tus raptores ven la luz del sol morirán y su alma negra no podrá volver a ser resucitada. —Hades hizo ademán de pronunciar palabra, pero el dios levantó una ceja, y automáticamente se le quitaron las ganas— Laya, puesto que mentiste a Hades sobre lo de que no le amabas, dañándole sobremanera… y creo que eso ha motivado todo esto. Te impongo la siguiente debilidad para los tuyos, y por consiguiente para ti.
Si una gárgola no encuentra el amor verdadero cuando cumpla los trescientos años, y este es correspondido mediante el ritual de la diosa Afrodita, se convertirán en piedra, pero no morirán, vivirán y sufrirán por toda la eternidad.
Hades odiaba más que nunca a Laya por lo que había descubierto ese día y ella sufría por ello. Pero la guerra había comenzado y como dice el refrán «En el amor y en la guerra todo vale».

CAPÍTULO I

—¡Qué calor, es realmente asfixiante! —Se quejó Amanda sentada a su lado.
—No se pueden fiar del tiempo, aquí en Grecia cambia como el humor de los dioses—dijo el taxista tomando el pelo a mi hermana.
Y se enfrascaron en una conversación que a mí poco me importaba en ese momento. Después de tres horas y media de viaje surcando los cielos por fin me encontraba en la fascinante Grecia, para ser más precisos en Atenas.
Era el primer viaje que realizaba en su vida adulta y quien mejor para compartir algo así que con su mejor amiga, su hermana. La miro, la quería con toda su alma, aunque no fueran hermanas reales para ella eran más que eso. Ella fue entregada en un orfanato siendo un bebé, pero los padres de Amanda la adoptaron con ya diez años cumplidos, cosa extraña ya que las personas nunca quieren niños con edad tan avanzada. La criaron y amaron como si fuese hija suya.

Cuando eran niñas, Amanda y ella discutían mucho, cosas de hermanas, pero ya en la adolescencia se convirtieron en las mejores amigas y confidentes. Ahora que faltaban sus amados padres estaban aún más unidas, si eso era posible. Era un viaje que seguramente a la vuelta le trajera más de un dolor de cabeza, ya que había usado los pocos ahorros que tenía para hacerlo, y su sueldo como administrativa no daba para mucho, pero lo merecía, las dos lo merecían.
El taxi se paró frente de su hotel y entonces comprendió que cada euro invertido y más, había valido la pena. El hotel estaba situado en Kolonaki, la zona más exclusiva de Atenas, pero realmente eso no era lo que le importaba, lo que la tenía totalmente hipnotizada eran las vistas a la Acrópolis. Que por su puesto sería su primera visita al día siguiente.
Amanda pagó al taxista, que se despidió diciendo algo así como cuidado con que no os robe un dios griego… Su hermana siempre tenía ese efecto en los hombres, intentaban ligar con ella con las frases más inverosímiles. Se miraron, y se rieron.
—¿Preparada para el viaje de nuestra vida hermanita? —preguntó Amanda ofreciendo su mano.

—¡Contigo al fin del mundo! —Cogió su mano y entraron al hotel.


Esa noche era realmente asfixiante, una de esas en las que te apetecería quedarte bajo un chorro de agua helada durante horas. Pero eso era para los mortales… él y sus compañeros tenían una misión cada noche, que era exterminar a los asesinos que robaban almas humanas para enviarlas directamente al inframundo. Sí, tenía que admitirlo, realmente le gustaba su trabajo y anhelaba que llegara cada noche para llevarlo a cabo.
Repasó que llevará todo lo que necesitaría está noche; dagas afiladas ceñidas a ambos muslos por fundas de cuero, y por su puesto su mejor aliado en la lucha, su preciado Chakram un arma circular y muy afilada, diseñada para ser lanzada como un búmeran y degollar a varios asesinos a la vez. Pero lo que realmente le satisfacía si no había humanos alrededor que le pudieran descubrir, era completar su trasformación y destruirlos con sus propias garras.
—Bueno, presumido, nos gustaría salir está noche antes de que los raptores devoren todo Atenas —dijo Marius entrando en la habitación con esa media sonrisa que le caracterizaba.

Marius era el más joven de todos sus compañeros y uno de los que más éxito tenía entre las mujeres; con su pelo rojo sangre que le caía liso hasta la mitad de la espalda, y lo tenía realmente muy bien cuidado, su mirada era penetrante, de un verde esmeralda, y su perturbadora sonrisa, hacía que se giraran todas las féminas sin importar su edad, cuando se cruzaba en su camino.
—Claro, feo. ¿No preferirías quedarte en casa para que no aparten la mirada cuando te vean? —Le contestó con una carcajada. Le encantaba meterse con él.
—No seas envidioso hermanito, o no te dejaré salir a jugar —Levanto su ceja pelirroja.
Se llevaban muy bien, tanto que parecía que fueran hermanos de sangre y no solo de causa. Marius le había ayudado mucho en el pasado, cuando atravesó los momentos más duros de su vida, aun cuando resulte difícil creer que una persona que ha tenido una vida de caprichos y facilidades, sea capaz de consolar a alguien de esa manera.
Por fin salieron y se reunieron en la entrada con el resto del ejército, impacientes ya por la espera, y los cinco se pusieron en marcha. Sería una noche muy, muy larga… como todas.

Después de algunas horas deambulando por la ciudad, encontraron a unos turistas que estaban siendo sitiados por unos raptores en un oscuro callejón. Eran sus favoritos; los elegían porque nadie los echaba en falta hasta pasados varios días, se deshacían de los cuerpos y simplemente serían unos desaparecidos más en los informes policiales. Habían aniquilado a esos malditos, y sin hacerse ni un rasguño. Eso era lo que él llamaba una noche de ensueño.
Cuando terminaron con el trabajo, sus hermanos se cambiaron de ropa, porque después de la trasformación poca era la que se podía reutilizar. Por suerte, no tenían problemas económicos y podían reponerla más rápido de lo que la perdían. Terminaron en el «garito» de siempre, tomando unos tragos e intentando conseguir una hembra; toda una rutina.
Axel no había ido con ellos. Ni falta que le hacía, pues conocía demasiado bien las costumbres de sus compañeros. Volvió a casa, se dio una buena ducha y se fue a descansar. Quería levantarse pronto al día siguiente; tenía que reponer el fondo de armario y quería disfrutar un poco de la luz del sol. Existir únicamente de noche no se le podía llamar vida…

Además, era cuando más tranquilo iba, ya que sus grandes enemigos no podrían salir hasta que se ocultara el sol, ya que era parte de su maldición.
Esa también se había convertido en su rutina. Ya no le apetecía tomar copas, y menos buscar una compañera. Si fuese una humana, ¿cómo la podría enamorar en tan poco tiempo? Es más, ¿cómo podría ella enamorarse de una… bestia? Y con las hembras de su especie era peor aún; no solo porque prácticamente se habían extinguido, sino también porque las pocas que quedaban ya estaban emparejadas. Los raptores se dedicaban a matarlas, en primer lugar, para que no perpetuaran la especie y, en segundo lugar, por sus sentimientos antes de morir. Cuando una hembra de gárgola está a punto de morir, todos los machos sentían su dolor y los raptores, al alimentarse de dichas emociones, se hacían más fuertes. Por eso ya había perdido toda esperanza, lo tenía asumido. Le quedaba muy poco tiempo para descansar eternamente.
Con este último pensamiento, se quedó dormido.

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