Gratis 21 y 22 de Agosto

Los días 21 y 22 de agosto estará gratuito el primer libro de la saga Los guardianes de piedra. Sí aún no te has enganchado a mis gárgolas está es una oportunidad perfecta.

Recuerda siempre que si te gusta una novela de un autor indie comenta en amazon, goodreads, blog siempre nos ayuda a tener más visibilidad.

El guardián de piedra

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Dos Dos dioses enfrentados, provocaran una guerra en la tierra. Hades ha creado un ejército de Raptores. Ha resucitado a los más crueles asesinos para arrebatar las almas humanas. Llamados raptores por alimentarse de las emociones humanas, hasta dejarlos sin un ápice de vida. Laya diosa protectora de los humanos, creara a las gárgolas seres mitad hombres, mitad bestia con poderes sobrenaturales, que lucharan contra los raptores por que los mortales sobrevivan. ¿Quién ganara esta guerra entre inmortales?
Sárilan y Amanda dos hermanas madrileñas deciden pasar sus vacaciones conociendo la hermosa Atenas. Lo que nunca imaginaron es que se encontrarían en medio de una lucha épica donde tendrán que sobrevivir y combatir por no perder su corazón.

Axel, guerrero de la hermandad de las gárgolas. Cuando cree que su corazón se ha convertido en piedra por toda la eternidad, conocerá a una pequeña humana que pondrá su mundo del revés. Tendrá que luchar contra sus sentimientos encontrados y peor aún, tiene que mantenerla con vida frente a los raptores que se han empeñado en acabar con ella.

Historia donde encontrarás acción, humor, pasión, y sobre todo mucho amor.
¿Te atreves a conocer a mis inmortales?
dioses enfrentados, provocaran una guerra en la tierra. Hades ha creado un ejército de Raptores. Ha resucitado a los más crueles asesinos para arrebatar las almas humanas. Llamados raptores por alimentarse de las emociones humanas, hasta dejarlos sin un ápice de vida. Laya diosa protectora de los humanos, creara a las gárgolas seres mitad hombres, mitad bestia con poderes sobrenaturales, que lucharan contra los raptores por que los mortales sobrevivan. ¿Quién ganara esta guerra entre inmortales?

Sárilan y Amanda dos hermanas madrileñas deciden pasar sus vacaciones conociendo la hermosa Atenas. Lo que nunca imaginaron es que se encontrarían en medio de una lucha épica donde tendrán que sobrevivir y combatir por no perder su corazón.
Axel, guerrero de la hermandad de las gárgolas. Cuando cree que su corazón se ha convertido en piedra por toda la eternidad, conocerá a una pequeña humana que pondrá su mundo del revés. Tendrá que luchar contra sus sentimientos encontrados y peor aún, tiene que mantenerla con vida frente a los raptores que se han empeñado en acabar con ella.
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Primer capítulo Naga la gárgola guardiana

Lo prometido es deuda así que hoy os traigo el primer capítulo de mi nueva novela. Espero que os guste.

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PRÓLOGO

Ella no había sido madre así que no sabía lo que eran los dolores de un parto, pero debería ser algo muy parecido a lo que sentía en ese momento, ya que la destrozaba desde dentro; notaba como roían sus entrañas. Su cabeza parecía que le iba a estallar, la golpeaba un continuo martilleo y la presión tras los ojos era insoportable. Tenía las fosas nasales y la boca totalmente secas, lo que provocaba que, cada vez que intentaba tomar una bocanada de aire le ardieran como si estuvieran en carne viva. Sus labios agrietados por la falta de humedad se resquebrajaban aún más con cada movimiento y no podía hacer nada para remediarlo, ni si quiera pensaba con claridad a causa del sufrimiento.
El cuello estaba tan tenso que parecía que con solo un suave golpecito se partiría en dos. Siempre acumulaba toda la tensión en esta zona, y en ese momento parecía tenerla multiplicada por mil. El pecho subía y bajaba con dificultad, el dolor la paralizaba, tenía miedo de respirar un poco más fuerte, más de lo debido y no poder soportarlo. El corazón latía a mil por hora dando la sensación de que saldría despedido en cualquier momento. Sus piernas y brazos se estaban literalmente rompiendo en mil pedazos, los huesos parecían de mantequilla, quebrándose un poco a cada segundo que pasaba y la piel se estiraba para poder acoger lo nuevo que se estaba formando dentro de ella.
Sentía mucho frío tumbada sobre ese suelo de mármol, pero a la vez estaba segura de que la fiebre corroía todo su cuerpo y una capa de sudor perlaba cada retal de su blanquecina piel. Estaba desorientada, ¿qué le pasaba?, ¿por qué a ella?, quería preguntarle a Sárilan, que le sujetaba la cabeza entre sus piernas intentando aliviar algo del dolor que sufría. Lo intentó, pero no podía articular palabra, la voz no le salía de la garganta. Tuvo miedo de hacerle daño a ella o a los bebés cuando su cuerpo empezó a convulsionar violentamente, pero solo consiguió implorarle con la mirada que se marchara, cuando el tormento que padecía se lo permitió.
¿Dónde estaba su hermano? Cómo le extrañaba en aquel momento. Él sabría qué hacer, siempre la ayudaba. Rezó para que llegara pronto y pusiera fin a todo este calvario, o de lo contrario que cayera inconsciente para dejar de sentir, pero ninguna de las dos llegó.
La locura se estaba instalando en ella, todo aquel sufrimiento que no la abandonaba le quitaba la poca cordura que le quedaba. No sabía si habían pasado horas o días, le daba igual, solo quería morir para que todo aquello llegara a su fin. Seguía sin poder moverse mientras su cuerpo seguía transformándose.
Cuando pareció que el dolor amainaba se quedó inconsciente y dio a Dios gracias porque no podía soportarlo más.

CAPÍTULO I

Después de todo el derramamiento de sangre de ese día, todos necesitaban unas merecidas vacaciones.

Marius volvía de la muerte, se había convertido en un muerto en vida durante todos los meses que había estado alejado de su familia. Se marchó de casa meses atrás destrozado, por el sentimiento de culpa tras haber perdido a la mujer que amaba. Ahora, que por fin la había recuperado, solo quería disfrutar de ella el mayor tiempo posible. Es algo de lo que nunca se cansaría, de amar a ese pequeño demonio. Tenía pensado no abandonar la habitación por lo menos en un mes.
Su hermano de armas, Axel, solo llevaba unas horas separado de su mujer y ya deseaba tenerla entre sus brazos y demostrarle cuánto la había echado de menos, a ella y a los mellizos. No veía el momento de que nacieran y que se durmieran mientras los acunaba. Ahora que Marius había vuelto, su familia por fin estaría al completo.
Cormand y Silas también se habían ganado un merecido descanso. Aunque eran los más despegados de todos ellos, no dudaban en entregar la vida por su familia, aunque esta no fuera de sangre.
Akiles, Rey de las gárgolas de Grecia, estaba ansioso de estrechar a su hermana pequeña entre sus brazos y ver que estaba bien. Cada vez que se encontraban tan cerca de la muerte y pensaba en poder perderla… se volvía loco. Desde que fallecieron sus padres, años atrás a manos de los raptores, no sabía qué haría si algo le sucediese. Por ese motivo era tan sobreprotector con ella, aunque sabía que la estaba privando de muchas cosas y que ella en ocasiones sufría… pero lo hacía por su bien, y cuando creciera, lo entendería. Era su única familia de sangre, y por ella sería capaz de bajar al mismísimo infierno para arrancarla de las garras de Hades, si con eso la pudiera recuperar.
El sol ya despuntaba cuando aparcaron el Knight XV blindado frente a la casa, un coche perfecto para una noche de guerra como la que habían vivido. Uno a uno fueron bajando del vehículo, y aunque eran tan distintos en ese momento, todos tenían algo en común, el cansancio que se marcaba en sus rostros.

Akiles fue el primero en cruzar el umbral con los ojos brillantes de emoción esperando encontrarse con su hermana y con Sárilan, que saldrían a recibirlos en cuanto oyeran el motor. Seguramente no habrían podido pegar ojo en toda la noche, esperando que su familia volviera ilesa a casa.
Le sorprendió que ninguna de las dos estuviera allí. La preocupación empezó a crecer en él. «No, no les podía haber pasado nada, seguramente se habían quedado dormidas de tanto esperar» pensó Akiles un poco alterado.
Intentó tranquilizarse en vano. Los nervios de los últimos días habían hecho mella en todos ellos. Caminó rápidamente hacia el salón, esperando encontrarlas en los sillones dormidas; el resto le seguía de cerca, también algo confusos y preocupados. Cuando llegó a la entrada, su cuerpo se quedó petrificado y Axel chocó contra él, pues éste no había visto que se detenía hasta que fue muy tarde. Iba bromeando sobre algo con Marius, ya que intentaba que su amigo no se fijara en que su mujer no estaba recibiéndoles.
—Hermano ¿qué haces ahí en medio? Quiero ir a abrazar a mi mujer. Luego, si quieres, te abrazaré a ti —bromeó Axel abrazando a Akiles por detrás.
Pero Akiles no contestó. Axel dudó que realmente le estuviera escuchando, su amigo iba perdiendo el color por segundos. Axel al ver que no reaccionaba y preocupado de que le hubiera pasado algo a las mujeres, le empujó y entró en el salón como si de un miura se tratará.
—¡Dios mío! ¿Qué demonios…? —Axel no creía lo que veían sus ojos.
Al oír esto y ver su expresión, el resto entraron corriendo en la estancia y se quedaron todos igual de paralizados. Sárilan estaba en el suelo con una Scailar inconsciente en su regazo. La hermana pequeña de Akiles, tal y como la habían conocido se había marchado. Ahora, en su lugar había una Naga. Sárilan derramaba lágrimas por sus blancas mejillas, Axel reaccionó al ver a su mujer en aquel estado y saliendo de su estupefacción fue a abrazarla para darle consuelo.
—No te preocupes mi amor, ya pasó, estamos todos aquí contigo —Le acariciaba el pelo mientras besaba por todo su rostro.
—No sé qué le ha pasado… ha sufrido tanto… El dolor la estaba destrozando, no podía ni gritar, pero yo, se lo veía en su rostro y en cómo se convulsionaba su cuerpo —Su marido la estrechó más fuertemente, intentando absorber algo de su miedo y dolor—. Yo no podía hacer nada para ayudarla, nada. Cuando todo terminó, pensé que por fin, descansaba. Estaba inconsciente y yo pude respirar cuando la toqué y localicé su débil pulso. Pero luego… se transformó… —Señaló su cuerpo que se veía tan hermoso, a la vez que mortífero.
Sus piernas habían desaparecido y habían sido reemplazadas por una hermosa cola de escamas verdes y doradas, que culminaba bajo su ombligo donde ahora tenía una pequeña armadura plateada con joyas incrustadas, dejando su vientre plano al aire. Sus turgentes pechos estaban protegidos con una armadura decorada igual que la inferior. Sus largos cabellos rubios y rizados ahora estaban reposando sobre sus brazos, y dos trenzas enmarcaban su bello rostro. Su cabeza tenía una corona de plata con una piedra morada y en sus manos reposaban dos espadas Thega, las espadas hindús del sacrificio, pero lo que más llamaba la atención de ella era el aura floral que emanaba de su cuerpo.
—Lo que has vivido es la transformación que los de nuestra especie sufrimos para convertirnos en guerreros del ejército de las gárgolas. Scailar ahora es una Naga —dijo Marius abrazando a su mujer por la espalda, que admiraba maravillada el cambio de Scailar.
—¡Gracias a Dios! Pensé que se moría hasta que la vi cambiar —Se enjuagó las lágrimas—. ¿Qué es una Naga?
—Sárilan, una Naga es un semidiós, mitad mujer, mitad serpiente. Las Nagas tienen un gran encanto, cualidad que las hace muy poderosas sin necesidad de recurrir a la violencia. Son enormemente inteligentes, sabias y pacientes. Prueba de ello es que son capaces de pasar horas inmóviles vigilando a un enemigo. Además, descansan en un estado semiconsciente por lo que difícilmente pueden ser sorprendidas. Poseen magia, aunque prefieren no usarla. Existen tres tipos de Nagas; Scailar es una guardiana y menos mal… son de naturaleza noble, por lo que suele avisar a los intrusos e incluso los entierran después de la batalla. Son capaces de escupir veneno y matar con él, aunque también pueden usar la mordedura y la constricción —le explicó Axel a su esposa—Si hubiera sido una Naga espíritu estaríamos bien jodidos, esas son perversas y atacan sin miramientos a cualquier persona, aunque sea un ser querido… además paralizan con la mirada, así que tenemos que dar gracias por ello.
—Me has dejado de piedra, ¿cómo sabes tanto sobre esto? —dijo Sárilan sorprendida.
—Desde que era niño me ha gustado la mitología y he leído mucho sobre ello, tengo trescientos años, imagina todo lo que me ha dado tiempo a aprender —Su mujer le sonrió encantada.
—Bueno, parece que son buenas noticias. ¿Por qué tenéis todos esos caretos entonces? —los miró uno a uno—. Tendréis una gran guerrera a vuestro lado.
—El problema es que nunca ha existido una mujer guerrera en las filas de las gárgolas… —Fue Akiles quien dijo lo que nadie quería pronunciar en alto—. Es señal de que algo muy malo se avecina —Y se agachó junto a su hermana para abrazarla.

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